Escribí La memoria del agua porque había una memoria que no quería perderse. Una corriente subterránea que venía de muy atrás y que, de algún modo, también atravesaba mi propia historia y mi manera de estar en el mundo. Sentí la necesidad de detenerme, de escuchar y de poner palabras a todo aquello que había ido quedando en silencio con el paso del tiempo.
Escribir esta novela fue volver a esas historias que me contaron en casa, rodearlas de palabras, darles forma y permitirles respirar. Nombrar lo que no siempre fue dicho. Recuperar voces, gestos y recuerdos que, como el agua, siguen su curso aunque no siempre los veamos.
Qué historia cuenta La memoria del agua
La memoria del agua es una novela que recorre varias generaciones unidas por la emigración, la memoria familiar y el paso del tiempo. A través de distintos personajes y momentos históricos, la historia avanza entre lugares y épocas, trazando un viaje de ida y vuelta entre el pasado y el presente.
Es una novela sobre quienes se fueron y sobre quienes se quedaron. Sobre las decisiones que marcan una vida entera y sobre las huellas que esas decisiones dejan en quienes vienen después. La historia se construye desde lo íntimo, desde lo cotidiano, poniendo el foco en las personas y en los vínculos que las sostienen.
Los temas que la atraviesan
En La memoria del agua conviven muchos de los temas que han estado siempre presentes en mi mirada y en mi forma de escribir. La memoria personal y familiar es uno de los ejes centrales: aquello que se transmite de generación en generación, incluso cuando no se nombra.

La emigración y el desarraigo atraviesan toda la novela. El viaje como ruptura, pero también como posibilidad. La identidad como algo que se construye entre lugares, lenguas y recuerdos. El agua aparece como metáfora constante: el tiempo que fluye, la memoria que se transforma, lo que permanece y lo que cambia.
También está presente la pregunta por la pertenencia, por las raíces, por aquello que nos conforma incluso cuando creemos haberlo dejado atrás.

Cómo está narrada
La novela alterna distintos planos temporales y voces narrativas. El pasado y el presente se entrelazan, dialogan y se iluminan mutuamente. No hay una línea recta, sino un movimiento continuo, similar al de un río que avanza recogiendo afluentes.
La narración se apoya en un lenguaje íntimo y sensorial, donde la atmósfera y los detalles tienen tanto peso como la acción. Me interesaba que el lector pudiera habitar los espacios, escuchar los silencios y acompañar a los personajes en su recorrido emocional.
Un libro para ser leído y compartido
La memoria del agua es una novela pensada para ser leída despacio, pero también para ser compartida. A lo largo de su recorrido, ha ido encontrando espacios de lectura en voz alta, presentaciones y encuentros donde la palabra vuelve a su origen: el acto de contar y escuchar.
En muchas de estas presentaciones, la literatura dialoga con la música, generando un espacio íntimo donde el texto se abre y encuentra nuevas resonancias. Esa dimensión compartida forma parte esencial del proyecto.
Una invitación
Si estas historias resuenan contigo, si la memoria, los viajes y los vínculos familiares forman parte de tu propio recorrido, La memoria del agua te espera. Ojalá sus páginas te acompañen y te inviten a mirar hacia atrás con la misma curiosidad y cuidado con los que fue escrita.
Si quieres conocer próximas presentaciones o encuentros en torno al libro, puedes consultar la agenda o ponerte en contacto conmigo.