A veces también hay que parar para poder seguir.

Este año mis libros ha tenido menos presentaciones de las que me hubiera gustado, tampoco he hecho muchos conciertos. Y todo tiene un por qué, y no porque hayan dejado de importarme ni porque haya dejado de querer compartir eso que tanto me gusta. Al contrario.

A veces, para seguir adelante, también hay que parar.

Quienes me conocen saben que la literatura y la música forman parte esencial de mi vida. Son dos maneras de expresarme, de mirar el mundo y de relacionarme con los demás. Pero también sé que cada proyecto necesita su momento y que no es posible estar en todas partes al mismo tiempo.

Durante estos últimos meses he estado mucho más concentrado en escribir.

Mi próxima novela está prácticamente terminada

Estoy trabajando en una nueva novela y, después de mucho tiempo de trabajo, puedo decir que está prácticamente terminada.

Todavía no quiero adelantar nada sobre ella. Prefiero esperar a que la historia termine de encontrar su forma definitiva, porque escribir también consiste en saber cuándo dejar de tocar un texto y permitir que respire por sí mismo.

Si todo sigue su curso, espero que pueda ver la luz entre finales de 2026 y 2027.

Escribir una novela es un proceso largo y, muchas veces, bastante solitario. Hay días en los que las páginas avanzan con facilidad y otros en los que una frase puede ocupar toda una tarde. Hay momentos de entusiasmo y otros en los que uno duda de todo.

Pero también hay algo muy hermoso en ese proceso: durante un tiempo, una historia vive contigo antes de existir para los demás. Y eso es lo que me ha ocurrido estos meses.

Mientras La memoria del agua seguía su camino, yo estaba intentando construir otra historia.

Por eso mis presentaciones en público han sido menos numerosas este año. No quería convertirlas en una obligación ni hacerlas simplemente por mantener un calendario. Prefiero que cada encuentro tenga sentido, que haya algo que compartir y que pueda llegar a él con la cabeza y el corazón puestos en ese momento.

Ahora, poco a poco, vuelvo a salir.

El próximo encuentro será el 29 de agosto, a las 19:00 horas, en San Román de Cameros, donde volveré a presentar La memoria del agua.

Me hace especial ilusión regresar a esos espacios en los que un libro deja de ser solamente un libro y se convierte en conversación, en preguntas, en recuerdos compartidos.

Porque quizá esa sea una de las cosas que más me gustan de las presentaciones: comprobar qué sucede cuando una historia que nació en la intimidad de unas páginas encuentra a otras personas.

La memoria del agua continúa su camino.

Y, mientras tanto, otra historia espera ya su momento.

Todavía no sé exactamente cuándo llegará a las librerías, pero sí sé que está cerca.

Y que, después de tantos meses escribiéndola, tengo muchas ganas de poder compartirla.